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El maestro Mohamed ben Harban en la memoria de Bahréin
El maestro Mohamed ben Harban en la memoria de Bahréin
Número 54

El término “dar “y su plural “dur” en el dialecto bahreiní, y quizás en la mayoría de los dialectos de los países del golfo árabe, se aplica a una habitación en la vivienda popular que contiene un numero de habitaciones que aumentan y disminuyen según la superficie de la vivienda y el poder de sus habitantes. Eso es diferente al significado del termino “dar” en algunos países árabes que significa vivienda. Este término tiene otro significado en Bahréin, es una habitación que antiguamente se construía en un lugar aislado para la reunión de los hombres de las barriadas cercanas después de la temporada de pesca perlera para las conversaciones nocturnas, veladas y practica del cante popular después de la oración nocturna y que duran hasta altas horas de la noche.

          Estos “dur” en el concepto popular general tienen unas éticas, unos fundamentos artísticos, subjetivos y unos ritos viriles que fueron transmitidos entre la gente de un modo severo de una generación a otra, según los requisitos de cada época. Los “dur” antiguamente se construían fuera de las barriadas, con muros macizos, con pocas ventanas pequeñas cerca del techo para la ventilación, y algunos que se construían cerca de las barriadas habitadas – según los narradores y los informadores – se construían sus bases sobre una zanja de unos tres o cuatro metros de profundidad para evitar que se oigan los tambores y las canciones fuera por evitar la indignación de los fanáticos de la religión. Cada “dar” tiene un fundador de una personalidad moral y una situación artística que lleva el “dar” su nombre. Es el fundador y el que administra la economía, las necesidades, los instrumentos y todo lo que necesitan los invitados.

          De los últimos “dur” que se fundaron en Bahréin en la década de los cuarenta del siglo pasado y persistieron años llenos: dar Ali ben Saker, dar Mohamed ben Harban, dar Ibrahim Masaad, dar Ibrahim Elbaluchi en Mahrek, dar Yanae ben Saief en Bumaher, dar kalali, dar Mohamed ben Aarik, dar Arrifae saguira en Arrifae oriental y dar Yomaa ben Mactub en el Badie. 

          Como estos “dur” son lugar especial para las reuniones, las conversaciones y las veladas de los hombres, desempeñaron a lo largo del tiempo papeles sociales y políticos influyentes en el movimiento nacional y en las ocasiones populares. En mayo de 1932 sucedió que algunos de los grandes “dur” del canto popular en Mahrek fueron destruidos por orden de las autoridades colonialistas en aquel tiempo para impedir las reuniones, y hasta la década de los sesenta del siglo pasado se prohibía introducir el instrumento de laúd en Bahréin a través de las fronteras del país. Gracias a Dios por la época floreciente en que estamos por el desarrollo social, por la receptividad artística y mental, por el avance cultural y por la libertad abierta y responsable.  

          El numero de los “dur” populares disminuyeron en este país y quizás en otros países del golfo debido a los cambios sociales, al fallecimiento de la mayoría  de los interpretes de estas artes populares tradicionales y al retroceso de su importancia, pero algunos de estos “dur” lucharon contra los cambios y resistieron ante la teatralización y la modificación de estas artes  para que sean adecuadas a la transmisión de la radio, al espectáculo de la televisión, a los requisitos del turismo y a la inclinación de la gente en general hacia otras novedades. 

          Desde infancia, con mi pasión personal a las artes populares, el “dar” de Mohamed ben Harban en Mahrek fue una de las escuelas donde aprendí la base de apreciación de textos del Mual, el Muaili, el Budiat, el ritmo de los tambores, panderetas y Tuisat. Mi dominó la magia de las voces que salían de las gargantas de los cantantes y se alargaban.

          El difunto maestro profesor Mohamed ben Yasem ben Harban y los de su generación que fundaron “dur” populares en medio de las barriadas habitadas y entre las calles populares en las ciudades, aspiraban entonces a confirmar el vinculo de estas artes populares con la gente y elevar el valor social de los interpretes de estas artes, dando publicidad a la fama ética del lugar. Lograron numerosos objetivos para conservar y dar continuidad a estas artes, además de atraer a nuevas generaciones que no habrían conocido estas creaciones patrimoniales de no haber existido estas instituciones.

          Mohamed ben Harban se movía con su talla mediana y su voz mágica y triste entre los cantantes orgulloso con lo que posee de experiencias, conocimientos y manifestaciones artísticas y de interpretación. Este creador no contento con la practica de las artes marítimas, se interesó por las artes de “Elbastat”, “Assamir”, “Assamiri” y “Elardat” y no dejo pasar ninguna ocasión familiar o nacional sin que este su grupo presente. El generoso hombre que en paz descanse era empeñado en transmitir estas experiencias a sus hijos, ya que sembró en sus almas y sus corazones aquella emoción humana pasional y aquel sentimiento encendido con una pasión universal sin límites, y tuvo éxito en eso.

          Perseguía a este gran artista con mis preguntas y mis preocupaciones tempranas sobre las artes populares siempre que tuve la ocasión de hacer una pregunta tímida, era un profesor cariñoso me contestaba con su amable sonrisa repitiendo: “venga con nosotros, quédate con el grupo y aprenderás todo”.

          Este maestro trato la vida con dignidad del artista creador orgulloso del valor de su arte y de su pertenencia a él. Era un sabio fundador y líder de un espectáculo popular que nos enseñó los orígenes de las artes y las normas de respetar su interpretación. Su espíritu humano inspirador persistió circulando en nosotros habitando la parte luminosa de la memoria de la patria.

          Se revelo delante de mí todos los trabajos que presentó el querido difunto Mohamed ben Harban como servicio a las artes populares viendo la noticia televisiva de la inauguración del nuevo edificio que construyo agradecida la comisión de Bahréin para la cultura y la arqueología para “dar” ben Harban, en cumplimiento de la visión de su majestad el rey Hamad ben Isa Al Jalifa monarca de Bahréin que Dios lo guarde, en su confirmación en la importancia de la cultura popular en calidad de un componente esencial para la identidad nacional. Es un acto cultural que merece elogios.

Ali Abdalah Jalifa

Redactor jefe