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La cultura del cristal y de la piedra
La cultura del cristal y de la piedra
Número 52

 La generación del golfo árabe, que nacieron en las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado y convivieron con algo de lo que quedaba de ese mundo visible, con datos de aquella época, con su cultura y su moralidad. Si algunos de ellos tuvieron la ocasión de viajar y volver de noche y ver de una baja altura, cuando el avión está a punto de aterrizar, las llamas de los pozos de petróleo, quemando el gas, tendrán por buen augurio un excelente futuro para esta querida costa oriental de la patria árabe. Después, esta generación convive con los datos y las cosas del mundo visible de esta época material nuestra, sin duda, les embarga, como a mí, una nostalgia espiritual y sentimental. Precisamente cuando se extiende a su alrededor un amontonamiento de elevadas construcciones, mezcla de cemento, cristal, piedra, frio mármol, brillantes ladrillos y baldosas, al que conduce calles de asfalto, iluminadas con neón, brillantes anuncios, árboles de plástico y numerosas señales de tráfico colgadas, con muchos coches de toda clase, chirriando sus veloces ruedas sobre la carretera.

         Esto, se lo aceptamos como un impuesto a la época, por otra parte, se abalanzan sobre nuestras generaciones actuales, instrumentos para la promoción formal con sus desarrolladas técnicas, para propagar el vacío espiritual, extendiendo la superficialidad metódica de una esencia cultural, que consume del alma su naturaleza humana y del corazón sus latidos humanos de grandes significados.

          La vuelta a los valores humanos espontáneos, que las culturas de los pueblos honraron a través de los tiempos, y persistieron como espíritu humano vivo, transmitidos de una generación a otra, con el objetivo de documentar y conservar, no son como creen algunos obstinados un movimiento sentimental del pasado, que tiene por objetivo glorificar la bella época, sino que son con conciencia y voluntad original, y tienen por objetivo confirmar el valor de un producto humano noble y espontaneo , que formó el fundamento de la identidad de los pueblos por una parte, y por otra parte, es sin duda, el equivalente objetivo de perder la identidad nacional y de un contagio de nostalgia espiritual, que va a acompañar la sucesión de las generaciones con el aumento de la complejidad en las técnicas que conducen a la humanidad, cada día con voracidad al individualismo, al aislamiento, a la soledad y a las enfermedades de la época.

          La percepción, por parte de la generación, del fundamento de la cultura nacional de su país, y la comprensión de sus componentes, será como una fortificación para esta cultura, para que nadie pueda penetrarla y vaciarla de su esencia original, para que sea un simple instrumento de diversión y malgastar el tiempo, alabando y glorificando la cultura del cemento, cristal y piedra, haciendo de ella el único objetivo, para que sea la entrada a la esencia en todos los significados de nuestra vida contemporánea, por las puertas de las inversiones materiales, dándoles a ellas únicamente el aspecto de la civilización y del progreso, y paralelamente, propagar la superficialidad de las mentes de las generaciones, promoviendo el vacio mental en las artes, en la literatura y en la moral, con aspectos informativos falsos, y con una anunciación publicitaria atractiva e influyente, que expulsa a los pensadores, a los creadores y a los productores de la cultura. Es necesario salir al paso de estas orientaciones, con conciencia y responsabilidad, porque tendrán sin duda, un resultado catástrofe, que lamentaremos  demasiado tarde.

          La cultura del cristal y de la piedra, invaden el mundo. Es uno de los aspectos de la época, y quizás se considere una prueba del desarrollo y del progreso de los pueblos. La pregunta ¿es esto un impuesto de civilizarse y una producción natural de una civilización nueva que barre e invade todo en el mundo? o ¿hay quien planifica, conduce y difunde con medios inteligentes para hacer las mentes humanas superficiales y consumir las reservas culturales de las generaciones?

          El reino de Bahréin con el pacto de la acción nacional en una mano y en la otra el proyecto reformativo de su majestad el rey Hamad ben Isa Al Jalifa que Dios lo guarde, caminando con una conducción y una nueva visión ejecutiva que asume su alteza real el príncipe heredero y presidente del consejo de ministros Salman ben Hamad Al Jalifa que Dios lo guarde, apoyándose en numerosas experiencias del sabio mando de su alteza real el difunto tío que en paz descanse, digno de que esté entre las prioridades de esta nueva visión, lo que estaba ausente en Bahréin a lo largo de los años pasados, la planificación de poner una estrategia nacional para la cultura, y que el estado lo adopte al alto nivel, y que se forme un consejo nacional real para la cultura, y que sus miembros sean elegidos entre pensadores, artistas y literatos, para hacer planificaciones por etapas, ejecutando las visiones de esta estrategia, observando sobre el terreno los pasos de su ejecución, para evitar el dominio individual en la dirección de asuntos culturales del país, que empezó desde mediados de la década de los ochenta del siglo pasado hasta hoy día. No puede negar cualquier justo lo que se ha logrado en los ámbitos culturales en general. Solo que aquí nos referimos, con exactitud, a lo que respecta a los origines y componentes de la cultura del pueblo bahreiní sólidamente arraigado y su futuro, la dignidad de sus creadores, el futuro ideológico, artístico y literario, sobre todo, porque es una mezcla, una fusión y una interacción de culturas de numerosos ambientes y razas, que hicieron de ella una llama de conocimientos, señalándola como influyente importante en la construcción de un futuro humano honorable.

          Bahréin conmemorando su gloriosa fiesta nacional de este año 2020, rogamos a Dios que abra las puertas de iluminación ante la querida patria, conservando y custodiando a su valiente rey, y que le de éxito a su príncipe heredero su alteza real, presidente del consejo de ministros y que le otorgue un séquito de buena gente para servir a un pueblo  que merece lo mejor, y que Dios le de suerte.

 

Ali Abdelah Jalifa

   Redactor jefe