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Issue 40
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Los juegos de mi aldea y la infancia de la bella época
Número 40

Nahla Chuyaa Eddin – una investigadora de Yemen

          Los primeros años en la vida del individuo, se consideran una etapa de las más importantes de su vida, influyentes en la construcción y formación de su personalidad. En ellos, se forman los primeros factores básicos, que representan los diferentes conocimientos y valores que aparecen en las sucesivas etapas de la vida. Por eso se aclara, la importancia de la estabilidad y el equilibrio del primer seno social del niño, representado por la familia con todos sus valores, sociales, culturales y económicos, por lo que tiene de interacciones e influencias entrelazadas entre sí por una parte, y con la sociedad que le rodea por otra parte, para que el ambiente, venga a ser el influyente de forma directa en la formación de la personalidad en el periodo de la infancia, con todas sus cortas etapas. Es como el primer espejo en que mira el niño cuando comienza a ver, y se refleja en él, y a través del, los valores de la sociedad en general, y los transporta de un enriquecimiento humano civilizado externo, a un enriquecimiento formativo interno, que aparece con claridad en la personalidad del individuo, como comportamiento, actitud, tendencias y valores que se desarrollan y se alteran, con el desarrollo de la vida con todos sus cambios.

          El juego, como es definido, una actividad que anima a los niños, y es un medio razonable para adquirir los conocimientos, sean estos conocimientos relacionados con el mundo exterior y el medio que rodea, o un medio para descubrir cosas nuevas inusitadas, lo que hace que se crece en ellos el impulso de la curiosidad, del descubrimiento y la destreza de investigación. Además de suavizar gradualmente su subjetivismo, para coexistir con los amigos, familiares y vecinos, donde se forma una pequeña imagen interactiva para la interacción con la gran sociedad que le rodea con todos sus componentes. Esto produce, la imagen real de la personalidad creciente, coexistente de una forma equilibrada entre el concepto del ego, o la personalidad por una parte, y entre su coexistencia y su trato social con otros, por otra parte.

          Y si observamos que la mayoría de los juegos, tienen movimiento, palabra y entonación, entonces la importancia del juego ya no está asociada a la importancia corporal, a través de fortalecer músculos, huesos y la condición física, producto de saltar, correr,  tirar y aflojar, sino que su improvisación de palabras y expresiones entonadas, les hace adquirir la capacidad de proferir en la lengua, que se considera una destreza necesaria para la persona, como un instrumento principal de las destrezas de comunicación en su vida social.

          Quizás el que reflexiona sobre la cantidad y el tipo de juegos que practicamos en nuestra infancia, y los que practican actualmente nuestros niños, de actividades suaves, que no pasan del juego individual, o de competición dual, y mayormente no con otro individuo, que posee los mismos sentimientos y necesita tiempo para descansar, sino con aparatos que nos superan en velocidad y en toma de decisiones, lo que hace del carácter de nuestros niños más inquietante y menos concentrable, más egocéntrico, sin importarle el grupo.

          Lo que aumenta la oportunidad de que eso suceda, es que muchas de las familias e individuos en nuestras sociedades, no dieron importancia al juego colectivo de los niños, apoyándose en el papel de la escuela en la educación, junto con el maestro como base para formar la personalidad del niño, fingiendo ignorancia o ignorando que nuestros niños, necesitan el juego, lo mismo que necesitan alimento, ropa, reposo y seguridad. También a causa de sumergirse con exceso en la vida material, que se entromete de una forma continua en nuestro tiempo y nuestras actividades, para robarnos los recuerdos de la bella época, con todos sus detalles y con todos sus bellos componentes, que aun anidan en nuestra memoria. Se necesita muchos esfuerzos individuales y colectivos para documentarlos, repetirlos, homenajearlos y sensibilizar con sus profundas huellas en todos los componentes de la sociedad.